5 de mayo de 2014

MADRE E HIJO

Cuando pasen en mí más años, y en apariencia ya no sea
 la misma, y me vuelva torpe en mis movimientos,
 tenme paciencia:
Recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer 
las mismas cosas que hoy yo no puedo resolver sola…
Cuando me veas perdida frente a toda la tecnología 
que me cuesta tanto entender, dedícame tu tiempo, 
recuerda que fui yo quien te enseñó las cosas más
simples para enfrentar la vida…
Si te repito las mismas historias, aunque sepas ya el
 final, escúchame…
Cuando eras chico tuve que contarte cientos de veces
 el mismo cuento para que te durmieras…
Y si mientras conversamos me olvido de lo que estamos
 hablando, dame tiempo para recordar…
Y si no puedo hacerlo, comprende que tal vez no era 
importante lo que conversamos, sino que para mí lo 
importante es que me escuches y estemos juntos…
Cuando fallen mis piernas, dame tu mano para apoyarme
 como yo lo hice cuando comenzaste a dar tus
 primeros pasos…
Dame tu cariño, compréndeme y apóyame como lo hice 
desde el momento en que naciste…
Siempre quise lo mejor para ti, y sé como tú me
 quieres y admiras…
Hoy soy yo quien está orgullosa al ver quién eres,
 y como enfrentas la vida…
Cuando pasen en mí los años, así como te acompañé yo, 
acompáñame tú hacia donde me lleva el camino…
Cuando pasen en mí más años, sigamos caminado juntos…



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